jueves, 28 de febrero de 2013

Siete.


Salí del edificio después del mediodía.
Tenía que esperar a la noche para subir al barco y tomar yo mismo esa letra. Para echarme al agua de conversaciones de las que ignoraba toda respuesta. En las que solo era el que movía la mano.
Nunca había caminado tanto por la playa hasta aquel día. Todo se había vuelto endeble y confuso. Quería preguntarle a Marquitos muchas cosas. Sabía que por respuesta tendría el mismo silencio que las cartas.

jueves, 31 de enero de 2013

Seis.


Hoy encuentro nuevamente esa letra que no deja de inquietarme.
La reconozco y no puedo evitar la tentación de copiarla, torpemente. Calculo el alto del trazo, la tensión, me concentro en la primera y en la última letra, en las bajadas, en los ganchos. Hace años que no lo hago, pero tengo práctica en esa letra con la que llené mucho más que aquel cuaderno.
Antes del segundo párrafo vuelvo al mate, helado, y tengo que cambiar la yerba. El departamento, demasiado blanco todavía, me devuelve a la angustia de las últimas semanas. Pero vuelvo a escapar, vuelvo a levantar el edificio de la costa. Aquella mañana en que entendí con qué era lo que estaba haciendo, cómo me habían enroscado en esa historia, en esa letra.
Reconocí algunas cartas que había copiado con ligeras discrepancias, otras que había modificado por completo. Pero más abajo estaban las otras.