viernes, 31 de agosto de 2012

dos.

No recuerdo la noche anterior a la mañana de las cartas.
Es un momento que solo tiene un después. 
El final de la historia está allí, concentrado. Todos los detalles que después se irán desplegando, los tenía ante mí en la claridad del departamento antes del mediodía. 
La mañana de las cartas Magda había salido temprano, y yo escuchaba música en una radio que enchufábamos en el baño. Las notas cálidas de aquel idioma que aún tarareo a veces, llegaban como otro aire tibio.
La caja con las cartas estaba debajo de la cama. 
Abrirla, fue como ver las cenizas de alguien que aún no había muerto.