En el balcón, ella se acerca a decirme algo.
Alguien nos presenta, o quizás es solo ella preguntándome algo del mar, apoyándose al lado mío en la baranda.
Habla de algunos lugares que y conozco, habla como si salieran de su boca por primera vez.
Entonces sabemos que este lugar no existe. Es solo un tiempo, un momento.
Me doy cuenta que los dos pensamos eso, porque de repente estamos muy serios. Todo esto es algo que ha nacido terminado.
Y por eso, ya no me importa cuidarme de besarla, de mantener ocultas todas mis intenciones, debajo de toda esa música y ese alcohol prestado.
Toda esta fiesta no nos había dejado de lado, pero todavía teníamos nuestras piezas.
Después de ese silencio, le digo a Magda que venga conmigo. Ella no me muestra nada en su rostro, no sonríe, solo asiente con la cabeza.
Podría ser, dice.
O no, menos, creo que solo me dice,
Podría.