Salí del edificio después del mediodía.
Tenía que esperar a la noche para subir al
barco y tomar yo mismo esa letra. Para echarme al agua de conversaciones de las
que ignoraba toda respuesta. En las que solo era el que movía la mano.
Nunca había caminado tanto por la playa hasta
aquel día. Todo se había vuelto endeble y confuso. Quería preguntarle a
Marquitos muchas cosas. Sabía que por respuesta tendría el mismo silencio que
las cartas.