sábado, 29 de septiembre de 2012

Tres.


Otros, los que saben cantar, actuar, o los que escriben, los que pintaban buenos cuadros, todos esos se ganan la vida sin problemas.
Aquí siempre aparece alguien orgulloso de tenernos, quizás sienten que se quedaron con lo mejor de nosotros, que nos tienen como un circuito alternativo y que al fin y al cabo no somos más que una evidencia de su solidaridad. Por eso eligen a los que tienen algo que devolver, y les parece que no hay nada mejor que las canciones y los poemas. Así, pueden decir que como nos disfrutan, nos entienden. Así dibujan en sus mapas un lugar pequeño y alejado en el que poner algunas cosas. Esas que van asociando a lo que escuchan en las palabras de los nuestros, con más o menos confusión, con más o menos intención.
Yo, que no se cantar, vine a hacer más seguro lo que hacía lejos.
Como los que sacan peces de entre los músculos del agua, me interno en la noche para poner un pulso, una cadencia, entre las letras de otros. Pero mi tarea oculta también me da otras ventajas. Cuando ellos cantan, leen sus poemas o dan charlas ejemplares, yo puedo escuchar a un costado, disfrutar el vino, no pensar en otra cosa que los movimientos de Magda.