El cuaderno azul estaba en el estante de las revistas.
Entrada la mañana, quedó sobre la mesa de la cocina después de una primera etapa de limpieza. En las primeras horas de la tarde lo volví a encontrar cuando fui a buscar el termo.
Lo abrí con resentimiento. No quería encontrarme con la única página que me acordaba claramente. No quería traer a esta mudanza aquellos momentos. Solamente cambiar la biblioteca de lugar, no ordenar recuerdos.
Lo primero que encontré fue una letra extraña. Un pulso parejo, que se extendía a lo largo de mi cuaderno.
Una historia que me parecía levemente propia, en aquellas palabras ajenas.
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